La R-evolución de la paternidad

Quería compartir con todos vosotros el post escrito para El Club de las Madres Felices. Y lo quiero dedicar a mi pareja, mi marido, el padre de mi hijo, y a todos los padres que se implican y viven la crianza de sus hijos. Los tiempos cambian y entre todos debemos luchar porque la verdadera r-evolución sea la de la familia.
Aquí lo tenéis, espero que os guste:

Comunidad virtual de madres, cibertribu, madres blogueras, …, las madres hacemos correr ríos de tinta últimamente. Pero ¿y los padres?, ¿qué papel juegan en esta aventura de la crianza de los hijos?.

Las mujeres reivindicamos poder vivir nuestra maternidad en toda su plenitud. Muchas optamos por una crianza basada en el respeto, el apego, el cariño sin límites. Pero en ocasiones se nos olvida hablar de nuestros compañeros de viaje, los padres de nuestros hijos.

Me atrevo a decir que la paternidad está de moda. En las últimas décadas muchos son los cambios acontecidos. Hasta no hace mucho tiempo los hombres no atendían cosas como cambiar pañales, alimentar, despertar en las noches de enfermedad o malos sueños, educar, poner límites, jugar en el parque. En definitiva, no compartían la infancia de sus hijos. Los padres delegaban por completo en las madres. Y la mujer, estoicamente, se hacía cargo de todo. Se daba por hecho que era la encargada de atender, cuidar y criar a los hijos. Recuerdo haber escuchado en más de una ocasión algo así como “eso es cosa de mujeres”.

Pero las cosas están cambiando, aunque aún queda mucho trabajo por hacer. Y lo que a mi me gusta llamar R-evolución, también ha llegado a la paternidad. Los hombres, los padres, ahora sí son parte activa y participativa en la crianza y educación de los hijos.

Todavía recuerdo con orgullo como mi pareja asistió emocionado e ilusionado a las clases de preparación al parto. Recuerdo cómo descubrió y leyó con avidez a Carlos González y otros textos sobre crianza y lactancia. Revivo en mi memoria cómo disfrutaba viendo lactar a nuestro hijo, o durmiendo a su lado. Veo como cada día lee atento y entusiasmado los blogs de maternidad y crianza, o todo lo relacionado en las redes sociales. Disfruto cada día viendo como padre e hijo disfrutan el uno del otro, se quieren, se necesitan.

Juntos nos hemos hecho padres, juntos hemos madurado esta faceta personal que tantas satisfacciones y quebraderos de cabeza nos da.

Así que cuando hablamos de R-evolución maternal creo que sin darnos cuenta los excluimos. Más bien deberíamos hablar de R-evolución familiar. Todo lo que yo hago, pido o exijo lo hago para y por mi familia. Y Él también. Papá quiere una jornada laboral que le permita disfrutar, educar y estar con su hijo y su familia. Papá quiere aprender y asistir a las charlas y conferencias relacionadas con la crianza. Papá quiere asistir a un Grupo de Madres y/o padres para compartir ideas, preocupaciones, dudas. Papá quiere que los niños sean criados con respeto y apego. Papá quiere que madres e hijos puedan estar juntos el mayor tiempo posible mientras son bebés y dure la lactancia. Papá cree y defiende el parto respetado y la lactancia a demanda. Papá quiere las mismas cosas que Mamá. Aquí está la esencia de esta evolución y a su vez revolución. Aquí reside nuestra igualdad, no en nuestra sexualidad.

La familia es el pilar básico de cualquier sociedad, y en la nuestra la estamos despreciando. Somos esclavos de lo laboral y pensamos que dando a nuestros hijos bienes materiales cumplimos nuestro deber. La mejor herencia que podemos dar a nuestros niños es una crianza amorosa, respetuosa, donde mamá y papá estén. Da igual el tiempo de calidad, o el tiempo en cantidad, se trata de darles tiempo sin más.

La familia, la paternidad, la maternidad, todo ha de ser sinónimo.

Viéndole crecer y reflexionando

Una mañana cualquiera con mi hijo mientras charlamos o desayunamos:
- “Ay mamá espera” dice mientras se levanta de la mesa con urgencia.
- “¿Qué pasa?”.
- “¡Voy a hacer pis!”.
Y mamá se queda esperándole mientras él se maneja perfectamente en el servicio.
Situaciones similares se dan a cada momento: vestirse, comer, hablar, recoger sus juguetes, pintar, escribir, juegos en el parque, ….
En cada una de estas actividades de mi pequeño, me quedo observándole y me doy cuenta de lo mayor que se ha hecho.
Ayer tarde en la piscina le miraba atenta, cómo salía y entraba al agua, cómo saltaba, cómo se movía, cómo nadaba,…, y mi memoria retrocedía en el tiempo dándome imágenes maravillosas de un niño más pequeñito, más torpón. Y de repente regresaba a la realidad viendo a un peque delgadillo y estirado con bañador de Rayo McQueen.
Ahora, a toro pasado, todo parece más fácil. Cuando leo a otras mamás blogueras contar sus experiencias como la retirada del pañal, sus primeras palabras, los despertares nocturnos, las rabietas, es fácil daros consejos, animaros diciendo que todo pasará, y a veces me doy cuenta que yo misma quito importancia a momentos que para vosotras son duros, pero es que es cierto, son momentos que pasan muy rápidos, aunque por ser tan intensos, cuando los vivimos, nos parecen eternos y durísimos.
Habiendo superado muchas de las duras pruebas que nos han tocado en estos cuatro años, veo claramente todo el trabajo realizado. Veo mi inexperiencia y cómo podía haber yo contribuido a hacer las cosas más sencillas. La experiencia es un grado, sin duda. Muchas veces pienso yo sola en silencio “si ahora tuviera otro,…., con los ojos cerrados haría muchas cosas”. Y es cierto, no es vanidad, es solo experiencia.
Además no dejaría que me influyeran comentarios inoportunos de personas inoportunas y no invitadas a participar en mi vida y en mis decisiones. Cuanto sufrí yo por los comentarios ajenos y qué tonta fui por dejarme influenciar. Pero una no es perfecta y las presiones son muy grandes, los comentarios, la información incorrecta, la corriente pretende arrastrarte, y pone más fuerza si ve que tu deseas ir contra ella.
Solo hay que ver los mensajes erróneos que escuchamos de boca de muchas madres y/o padres. A mis oídos llegan cada día comentarios que me apetecería contestar para intentar aclarar cosas, de personas que conozco y de otras que no. Pero por desgracia mi opinión o mi testimonio no va a alterar ciertas opiniones.
Una recién mamá me decía no hace mucho que quería dar el pecho a su bebé, pero que su marido tenía miedo de que su leche no fuera suficiente y no fuera “buena”. ¿Y por qué esa negatividad?. Mucho puedo decir yo, argumentarles, hablarles, pero si un día su bebé llora tras una tetada, ese marido (bienintencionado sin duda) tendrá argumentos suficientes para influenciar a su esposa y animarla a que abandone la lactancia.
Y me viene a la memoria uno de los últimos vídeos que una marca como Nestlé ha sacado recientemente, un vídeo sobre sueño infantil. Me pregunto yo quién narices es Nestlé para hablar de estos temas. Pero la gente lo ve, lo escucha porque claro, ¡¡es una marca importante!!, una marca especializada en …. ¿en qué? pregunto yo, ¿en sueño y hábitos infantiles?, me parece que no. Pero cala, y ahí queda. Por si no sabéis de lo que hablo, os dejo aquí el vídeo para que podáis echarle un vistazo. Y os dejo también un estupendo análisis que María hace en su blog Reeducando a Mamá.
¿Y cuál es el mensaje que os quiero trasladar hoy en este post?, veo que me he ido por las ramas, pero en el fondo todo está unido. Lo que quiero deciros es que vuestros hijos, vuestros tesoros, os pondrán pruebas cada día, verles crecer es emocionante, maravilloso pero a veces también es duro. Pero si os dejáis llevar por vuestro instinto, ignorando a muchas de las personas de vuestro entorno, ignorando mucha de la información que actualmente se maneja y se cree certera, seréis mucho más felices, disfrutaréis más de vuestra maternidad, y creedme, todo será mucho más sencillo.
Vuestra maternidad es,…., vuestra, así que vividla como se os antoje, dejad que vuestro cerebro primitivo tome el poder, y mandad a la porra todo lo demás.

Ha nacido una nueva mamá

El día de ayer, 20 de julio de 2011, se ha convertido en una fecha especial para una familia. Ayer sucedió un nuevo milagro, el nacimiento de un niño. Un niño muy esperado, ansiado y amado. Un bebé que llegó por sorpresa cuando nadie le esperaba. Un bebé milagro.
Ayer, tras un largo y difícil parto, temo poco ayudado vino al mundo.
Su rostro ya denota su fuerza, su poder, su seguridad, no esperaba menos de ti pequeño.
Hoy esta entrada, de nuevo, como ya hice en su día, te la quiero dedicar a ti querida A. por ser una mujer fuerte y valiente, por haber disfrutado de tu embarazo, por haber sido una de las embarazadas más lindas y dichosas que he visto. Ahora tienes una hermosa labor por delante, criar a tu hijo. Vivirás días difíciles, días felices, pero todos merecerán la pena.
Te enfrentas a muchos retos, pero todos ellos son y serán hermosos. Y sé que lo harás con tu preciosa sonrisa.
Aquí estoy y estaré para cualquier consulta, cualquier duda o cualquier miedo que tengas. Y si no soy yo quien te ayude, te prometo que encontraré a quien pueda hacerlo.
Ayer nació un pequeño valiente, pero también nació una mamá, una mamá que ya tiene tribu. ¡¡Bienvenida!!.

Arnidol nos invita a la ciudad de ocio educativo: Micrópolix

Arnidol tiene unas ideas magníficas. No solo ha creado la barrita mágica por excelencia, capaz de calmar los llantos de nuestros peques cuando se caen o golpean, sino que también nos propone ideas de ocio infantil estupendas.


He tenido la suerte de ser invitada a pasar junto a mi hijo una tarde en Micrópolix, la ciudad de ocio educativo.

Pero, ¿qué es Micrópolix?. Es una mini ciudad, un lugar construído para el disfrute de nuestros hijos. Tiene sus calles, sus edificios. Podemos encontrar un hospital, una comisaría de policía, a los bomberos, una autoescuela, ¡¡hasta una radio!!, con sus locutores. Se realizan actividades de todo tipo: comprar en el super, ir al banco, visitar su biblioteca. En todo este inmenso lugar los niños pueden participar en los juegos que se realizan, que no son más que pequeñas escenas de la vida diaria. Podríamos decir que se trata de un juego de rol. Por tener, tienen hasta su propia moneda.

Los niños pasan a ser protagonistas de una vida donde ellos actúan, deciden, participan. Se sentirán mayores, adquirirán responsabilidad, tomarán decisiones, se fomentan las habilidades sociales, la adquisición de valores, la independencia y autonomía.

A mi me gusta. Una propuesta de ocio infantil y familiar diferente, fomentando aspectos interesantes de la educación. Quiero ver a mi hijo desenvolverse en determinadas situaciones, quiero ver como lo hace en una pequeña ciudad donde él será quien decida.

Ya sabéis que me gusta hacerle partícipe de las cosas sencillas de nuestro día a día: hacer la compra, pagar, hacerle ver que el dinero se gana trabajando y no sale directamente del banco (como algunos nenes piensan), reciclar, limpiar, ordenar, asumir sus tareas en casa, hacerle ver la importancia del trabajo en equipo,…., pero todo es siempre supervisado (como debe ser) por papá o mamá. Pero aquí él podrá tomar sus decisiones y ser autónomo. ¡Vamos a ver cómo lo hace!.

Esta pequeña gran ciudad está dirigida a niños de entre 5 y 14 años. Mi nene tiene 4 añitos, pero no dudo que sabrá desenvolverse bien en muchas de las actividades propuestas. Es toda una oportunidad el poder disfrutar de una tarde en familia, haciendo algo realmente interesante y diferente.

Os contaré cómo ha sido la experiencia. Gracias Arnidol.

Una nueva maternidad: la sexualidad de la mujer

Esta semanita de playa y descanso me ha permitido leerme del tirón Una Nueva Maternidad. Hace unos días os contaba mis reflexiones acerca del parto. En estos más de 4 años, desde que mi hijo nació, he pensado mucho en ello, y gracias a mi mal alumbramiento he podido aprender mucho, de la fisiología del parto, de la preparación de la mujer, de nuestro rol. De los errores se aprende, sin duda, ese es mi lema. No me arrepiento de nada de lo hecho, porque de todo he aprendido muchísimo. Me atrevería a decir que he conseguido sacar más en claro de lo equivocado que de lo acertado de mi vida.
Con la sexualidad me ha sucedido igual. Y este es uno de los temas tratados en este libro, pues también forma parte de la maternidad. Libro por cierto que he leído, releído párrafos, páginas, lo tengo marcado por mil sitios. Leer estas páginas me ha hecho ir atrás en el tiempo, en mi tiempo, mi adolescencia, mi inicio en la sexualidad. Pero no, no voy a contaros mis escarceos sexuales, no viene al caso. La sexualidad de una mujer no comienza la primera vez que comparte su intimidad con una pareja. Nuestra sexualidad se inicia con la menarquia, es decir, nuestra primera menstruación. Nuestro cuerpo explota y es en ese momento cuando nuestra femineidad se manifiesta.
La sexualidad de una mujer empieza con la menarquia, sigue con nuestros incontables ciclos menstruales, nuestros cambios como consecuencia de ellos, el embarazo, el parto, el puerperio, la lactancia, la crianza de nuestros hijos. Así contado, cualquiera puede decir, ¡pero si ese es el ciclo de la vida!. Efectivamente, es el ciclo de la vida, en consecuencia es el ciclo de la mujer, porque somos las dadoras de vida. Sin mitos, sin divinidades, hablo de lo carnal, del sangrado menstrual, de parir, de hormonas, hablo de mujeres de carne y hueso no de divas. Pero nos guste o no nos guste somos dadoras de vida. Y el ciclo de nuestra vida, desde que despertamos sexualmente en nuestra pubertad se enfoca a crear un nuevo ser humano y albergarlo en nuestro vientre.
Leía en estas páginas cosas como la “masculinización de la mujer”, lo que me hacía recordar algo que escribí no hace mucho, hablaba yo de las mujeres asexuadas, ¿recordáis?.
Desde muy jovencita he oído el discurso de “la píldora anticonceptiva ha sido la revolución de la mujer”. Y yo me lo creí en su día. Hoy, veinte años después, con la experiencia y conocimiento acumulado, pregunto ¿de verdad?. La hembra de la especie es cambiante, su sexualidad se compone de picos, subidas, bajadas. Todo ello es consecuencia de las alteraciones hormonales que se producen en nuestro ciclo menstrual. Todo ello hace posible la creación de un óvulo, y en consecuencia de un posible embarazo. Los hombres por el contrario tienen una sexualidad lineal (cito palabras textuales del libro). ¡Ojo! eso no es nada malo, ni mejor, ni peor, ¡¡es su misión!!. Siempre dispuestos para poder llevar a cabo lo que la naturaleza espera de ellos, fertilizar al óvulo disponible.
Y llega la tan manida píldora anticonceptiva, ¿y qué consigue?, que las mujeres nos volvamos igualmente lineales. Y ahora resulta que esto es igualdad, ¡¡pues vaya!!. Perdemos nuestra naturaleza cíclica, engañamos a nuestro cuerpo, le quitamos autoridad, valía, no le dejamos funcionar en su total capacidad. Y, ¿qué ocurre después?, ocurre que repercute a la hora de nuestro despertar maternal. Tenemos un cuerpo, unas hormonas tan dormidas, tan poco preparadas, tan poco dispuestas, que no saben bien qué hacer cuando llega el momento.
En algunas ocasiones, como es mi caso particular, el cuerpo se atrofia, el sistema reproductor se desconfigura y sobreviviene el caos. Anovulación, trastornos hormonales, y un largo y aburrido etcétera.
Y, siguiendo con mi caso particular, lo gracioso del tema es que lo que te permite disfrutar de una vida sexual (reducida esta al encuentro íntimo con la pareja), es lo que a su vez te quita el deseo. Tres años tomé este cocktail molotov, poco en comparación con muchas otras mujeres, y consiguió aniquilar mi deseo sexual, consiguió dormir a mis óvulos y descontrolar mis hormonas. La consecuencia de todo ello fue un tratamiento de fertilidad.
Y todo esto se equipara a liberación sexual, ¡¡JA, JA, JA!!, me río yo de esto. No señores míos, la liberación sexual no es esta ni consiste en anular nuestra femineidad. Desde hace cinco años, desde que mi hijo llegó a esta familia, ¿pensáis que no he tenido relaciones sexuales?, no por Dios, ¡¡faltaría más!!, otros métodos anticonceptivos menos agresivos nos han echado un cable. Pero me prometí a mi misma no atacar indiscriminadamente mi cuerpo con semejante bomba hormonal. Con esto no condeno este método anticonceptivo, simplemente expreso mi opinión. Y para colmo una opinión avalada por una durísima historia personal.
Gracias a las historias de Una Nueva Maternidad relacionadas con la sexualidad femenina he recordado todo este duro episodio de mi vida. Y efectivamente, coincido plenamente con las mujeres que hablan de ello. La sexualidad femenina es un continuo, no se trata de tener la regla, tener sexo. Va mucho más allá. Se inicia en la pubertad, y el paso del tiempo va completando las múltiples y distintas fases de nuestra maravillosa y extensa sexualidad . Y no hay que verlo como una condena, como un suplicio. Hay verlo como lo que es, un placer, un don, un regalo.
El feminismo de antaño hizo un duro trabajo, nada despreciable desde luego. Pero hemos evolucionado, los hombres, las mujeres, y ahora la sociedad también debe evolucionar. Las mujeres han demostrado su valía intelectual, laboral, social,…., Ahora debemos retomar el papel olvidado de la maternidad. Basta de relegarlo, basta de discriminarlo.
Sigo con mi idea de R-evolución. Ahora toca, como María Berrozpe (Reeducando a Mamá) dice en estas páginas un feminismo en evolución que se ocupe de feminizar a la sociedad en lugar de masculinizar a la mujer, un feminismo que luche porque la mujer pueda desempeñar el papel que merece en la sociedad sin renunciar a la maternidad si es lo que ella desea. Un feminismo que consiga una sociedad donde se valore la maternidad en su justa medida….

Gracias María por tan acertadas palabras.
Y no olvidemos que nuestra fisiología es muy importante, decisiva. Integremos todo nuestro ser. No vivamos nuestra esencia como algo penoso. Nos debemos dar cuenta de la globalidad, de lo grande que es ser mujer.

De vuelta en casa,…., y de vuelta con la conciliación

Pues sí, ya estamos de vuelta. Han sido unos días estupendos, donde hemos descansado, disfrutado y aprovechado al máximo el tiempo. Ha sido un pequeño paréntesis en este verano, y por suerte no será el único. Agosto nos tiene reservados unos díitas para continuar con el remojo playero que tanto nos gusta.
El nene se fue con otitis pero eso no ha enturbiado estas vacaciones. En la playa se pueden hacer muchas más cosas aparte de sumergirse: hemos corrido, volado cometas, hecho castillos y fortalezas, pozos, saltado las olas (con un tapón mágico en el oído malito),…., y fuera de ella también hubo un sinfín de actividades. Mi peque viene feliz, recuperado, con un apetito voraz y contando ya los días para regresar.
A mi también me vino bien desconectar un poco, lo necesitaba. Un par de días antes mi espalda dio un aviso peligroso, conseguí recomponerla un poco. El descanso ha hecho el resto, vengo como nueva.
Para colmo ayer Madrid nos recibió con una temperatura estupenda, la cual se mantiene hoy. ¡¡No necesitamos el aire acondicionado!!, todo un logro para las fechas en las que estamos. Eso ayuda a que tanto el niño como yo estemos de mejor humor.
Todo sería perfecto si papá estuviera disfrutando de su acordada jornada de verano. Os suena eso de salir durante tooooodo el año media horita más tarde para disfrutar de una jornada más corta en verano, ¿verdad?. Recuerdo otros trabajos donde podía salir a las 3 de la tarde. Llegaba a casa, comía contento y con mi peque, siendo aún muy chiquitín, nos íbamos a la piscina, o nos quedábamos en casa disfrutando de una merecida siesta los tres juntos.
Este año tiene también jornada de verano, aunque un poco extraña, ya que sale a las 4:30 de la tarde. Pero no nos quejamos, ya que podría pasar toda la tarde con nosotros. Pero la jornada que se ha trabajado todo el año ahora no está permitida. La mal llamada crisis, de la que se aprovechan algunos empresarios no se lo está permitiendo. Falta personal, no se quiere contratar a pesar de que hay trabajo para dar y tomar. A mi esto no me suena a crisis, me suena a explotar a los trabajadores y por el mismo sueldo sacamos más beneficio. ¿¿¿Crisis???, de eso nada, si hay trabajo no hay crisis, y haberlo haylo en esta empresa, damos fe. El resultado es una plantilla trabajando como mulas de sol a sol, sin recompensas económicas, sin agradecimientos, sin respetar la jornada de verano incluso sin vacaciones.
Mi marido no concilia, no porque no quiera, sino porque no le dejan. El padre de mi hijo no puede disfrutar de estas tardes de verano con su familia, no sabe a qué hora saldrá de trabajar. A sus jefes no les importa su vida personal, ni su familia, ni nada. Solo les interesa que el proyecto salga adelante aunque se lleve su vida familiar por delante.
El pobre me dijo que me quedara en la playa porque nos íbamos a ver muy poco. Pero, no podía quedarme. Mi niño ha extrañado muchísimo a su padre, su relación es tan hermosa que se necesitan. Cuando el viernes su padre llegó, ya no hubo ojos para nadie más. Solo existía papá. Y aunque le vea menos de lo esperado, su rato de la tarde noche es suyo, lo necesita. Los niños tienen que estar con su padre y su madre. Y salvo períodos cortos de tiempo, así debe ser.
Señores empresarios, espero que el tiempo y la justicia (divina o humana) les coloque en el lugar que merecen. Espero que llegue un día que se sientan tan pisoteados, asaltados y ninguneados como esta familia se siente en este momento.
Y con todo y eso, para muchos mi marido ha de dar gracias por tener trabajo. ¡No estoy de acuerdo!. Él se gana el sueldo muy dignamente, trabajando muchísimo. Lo que gana no es un regalo, así que no, aquí no damos las gracias.

Va de tetas

Me gusta estar en la playa en top-less, es decir, sin sujetador, parte de arriba del bikini o como queráis llamarlo. Me gusta que el sol me de en los pechos, me siento cómoda, libre, sin apreturas. Pero parece que hay opiniones para todos los gustos.
Yo no critico, opino o miro a otras mujeres u hombres por ir a la playa con bikini, bañador, tanga, shorts, bañador largo, corto. Creo que cada uno ha de ser libre para elegir, y sobre todo debe sentirse cómodo con su elección.
Y aunque parezca sorprendente, en estos tiempos, todavía te miran las tetas. Yo comprendo que el pecho femenino es objeto erótico, hasta ahí podría entenderlo. Pero no te lanzan miradas lascivas, solamente, que haberlas también las hay. Te miran mujeres, jóvenes, maduras, mayores, en sus ojos (aún a través de las gafas de sol, que manda narices) puedes leer sorpresa, desaprobación, hasta asco. En los hombres,…., se suele leer una sola cosa aunque unos son educados y otros descarados.
Mis pechos son pequeños, poco llamativos, por tanto entiendo menos tanta mirada, pero haberlas haylas. Y me sorprende también el escándalo que provoca aún, en estos tiempos, el cuerpo humano. Veo a mujeres hacer auténticos malabarismos con la parte de arriba de sus bikinis, nudos imposibles, para conseguir que se vea mucha mama pero no el pezón ni la areola. ¡¡Qué artistas!!. Veo jugar en el agua a mujeres jóvenes y no tan jóvenes hiperpendientes de que su delantera siga colocada en su sitio, con verdadera vergüenza si una teta se escapa de su lugar. ¿Tan problemático es que una teta sea vista?. ¿Por qué sentimos tanta vergüenza de nuestro cuerpo?.
Confieso que no siempre voy de esta guisa a la playa. Según a qué playa vaya me pongo o me quito el sujetador, no por nada, sino porque en determinadas zonas puede ser incómodo de verdad, soportar miradas babosas a veces es incluso desagradable.
Señoras mías, disfruten y olvídense de posturas de sujetador imposibles, échense buena crema protectora y luzcan sus pechos al sol. Caballeros, no se espanten por ver tanta hermosura, tantos pechos, controlen un poco sus miradas, pero miren ¡claro que sí! que tampoco pasa nada. Pero a unos y otros me atrevo a decirles ¡¡¡respeten!!!. Ya sean pechos grandes, pequeños, turgentes, jóvenes, maduros, ancianos, colgantes, separados, erectos, pimientajos, bonitos o feos, cada mujer puede y debe elegir cómo desea llevarlos.
Yo elijo llevarlos destapados, me gusta, me es cómodo. ¿Y vosotras?.

El niño está delgadito, come poquito, ¿no?.

Para mi madre comer es una de las cosas más importantes de la vida, si comes poco, o mal, o regular, se la quita el sueño. Siempre ha sido así. Cuando era niña en mi casa no se saltaba ni Dios una comida,…., bueno sí, alguien sí, mi madre se las saltaba, no predicaba mucho con el ejemplo.
Como sabéis, en lo que respecta a la alimentación, como en tantas otras cosas, mi hijo decide. En mi casa no se utilizan palabras como: forzar, engañar, un poquito más, etc, etc, etc. Si mi peque dice “mamá estoy lleno, no quiero más”, se acabó lo que se daba, no se come más y punto. Hay días que las comidas las hace más copiosas, otras menos, unos días merienda mucho, otros días no tiene ganas. ¿Acaso los adultos comemos siempre igual?.
Para algunas personas soy muy permisiva con la alimentación de mi hijo. Y es cierto, lo soy. Aunque a mi me gusta más calificarme de respetuosa. Cuando mi niño era bebé y llegó la hora de introducir la fruta, yo me dispuse a hacer los típicos purés que recomiendan muchos pediatras. Mi bebé no los quiso, no le gustaban, giraba la cara, le daban arcadas. Lo intenté con diferentes frutas, haciendo purés de frutas únicas, añadiendo galleta, añadiendo mi leche, pero no hubo forma, no le gustaba. Así que dijimos adiós a la fruta durante una temporada. Muchas personas de mi entorno, entre ellas mi madre, se llevaron las manos a la cabeza. Me decían que a los niños hay que engañarles, ponerles dibujos, pero a toda costa había que seguir las recomendaciones del pediatra. La fruta se da a partir de los 6 meses y no había más que hablar.
Pero yo opté por dejarlo estar. Empecé a darle trocitos de fruta de vez en cuando, utilizaba una redecilla, le encantaba chupetear todo a través de esa red. Así unos días comía un trozo de plátano, otros un trozo de manzana, otros algún pedazo de naranja. Pero no me preocupaba mucho la cantidad. A día de hoy mi hijo come fruta con normalidad. Es cierto que hay días que come dos o tres piezas y otros donde no come nada. Es decir, como cualquier persona adulta.
Y así nos ha pasado con otros alimentos. En mi casa se respeta el NO de mi hijo. Sé que poco a poco, por simple curiosidad o porque el cuerpo se lo pida irá probando cosas que ahora mismo no acepta.
Con las cantidades de comida, más de lo mismo. Muchos adultos piensan que los niños deben comer unas cantidades que yo veo exageradas. Hasta donde yo sé, su cuerpecito y en consecuencia su estómago, es mucho más pequeño que el de una persona adulta. Pero se les pone delante unos platos de aupa.
Yo siempre he dicho que mi hijo es de buen comer. Pero sé que si muchas personas vieran las cantidades que yo pongo en su plato dirían que come poquísimo. Hay días que se acaba el plato y repite y otros días que no lo termina. Pero a pesar de todo ello mi niño crece fenomenal, está fuerte, sano, tiene energía para dar y tomar.
En estos días que estamos pasando con mis padres “la comida del niño” se ha convertido en una cuestión de estado, y es que nunca es suficiente. Si un día ha comido mucho y no le apetece postre, dramón. Si se deja un trozo de filete, dramón. Si no le apetece merendar un bocata, dramón. Si por la mañana no se toma el lácteo que le toca (no toma leche), dramón. Y así vamos durante todo el día, observando minuciosamente las cantidades de comida que la criatura toma, la variedad, lo que ocupa en el plato. Y francamente, es desesperante.
En mi casa no nos preocupamos por la alimentación del niño, porque consideramos que es adecuada. Simplemente asumimos que los niños no siempre comen mucho, que los niños crecen a pesar de que no se acaben el plato, que los niños pueden decidir cuándo no quieren más. En casa de mis padres esa libertad no es entendida. Supongo que porque ellos pertenecen a una generación donde los niños no sabían lo que les convenía.
Y claro, ahora mismo el niño está delgadito. Siempre ha sido un nene muy fuertote, pero en el último año ha crecido muchísimo y su cuerpecito ha ido perdiendo ciertas redondeces propias de bebés y ha ido adquiriendo un cuerpo más de niño mayor.
No come todo y encima está delgado, con lo cual preocupación al canto. “Ay, qué delgadito está el niño, el pobre con lo poquito que come”, “déjale que coma (gusanitos, chuches, bollos, cualquier cosa que engorde) que el pobre está muy flaquito”, “pero déjale que se coma otro helado, ¡¡criatura!! como no va a estar delgadito”. Este tipo de frases son oídas de continuo por estas orejitas. Vamos que la responsable de que el niño coma poco y esté delgado soy yo porque “le permito” no comer cuando no tiene más hambre.
No penséis mal de mis padres, son estupendos, se preocupan muchísimo por mi hijo y le adoran. Supongo que por eso tienen ese interés exagerado en su alimentación. Lo tuvieron ya antes con mi hermana y conmigo, y puedo decir que lo siguen teniendo. Con esto quiero sacar a relucir un tema a veces conflictivo, como es es el de la alimentación infantil.
Cuánto han cambiado las cosas, ¿verdad?. ¿O no?. ¿Cómo reaccionáis vosotros al poco apetito de vuestro hijos?. ¿Pensáis que hay que forzar, engañar o convencer a los niños para que coman?. ¿Creéis que hay que ser respetuosos cuando deciden que no quieren probar y/o comer algunas cosas?.

Danonino: un postre rico pero también sano

Ya tengo una edad, pero aún recuerdo cuando mi madre venía de la compra con los petit suisse para mi hermana y para mi, ¡¡Me encantaban!!. Años después, quien me lo iba a decir, han pasado a ser uno de los postres preferidos de mi hijo, ahora llamándose Danonino.

Este lácteo ha conseguido durante varias décadas que los niños caigan rendidos a sus pies. Pero hoy los padres nos hemos vuelto muy exigentes, y no solo queremos que guste a los más pequeños, sino que también buscamos calidad y salud.

La alimentación de nuestros hijos nos preocupa, en un momento donde nos informan que la obesidad infantil aumenta con pasos firmes y peligrosos, somos muchos los padres que desechamos productos elaborados con más grasas de la cuenta. Queremos un postre rico y sabroso pero también queremos que sea lo más sano posible.

Hoy Danonino quiere que los padres sepamos que siguen mejorando, que hay un nueva receta con mejores ingredientes, sin conservantes, sin colorantes artificiales, usando materias primas de alta calidad: leche, queso fresco bajo en grasa, fresas naturales.

En mi casa al Danonino se le sigue llamando “petit”, y aunque poco tiene que ver con aquellos primeros que yo comía,…., hemos conservado el nombre cariñoso y casi familiar. Mi hijo adora el de fresa, el clásico. A mi también me gusta, y mi peque siempre me da alguna cucharadita para probar, como él dice.

Y como no podía ser de otra manera, Danonino también quiere estar presente en este mundo virtual. Han lanzado su propia web, con una zona de información para padres y un área de juego para niños. Si pincháis aquí podréis acceder a ella.

Los usuarios de la web tendrán la posibilidad de participar en promociones, y además podrán concertar una visita a la fábrica de Danone para poder ver en persona cómo se elaboran sus productos.

Hoy todos nos preocupamos por la salud de nuestros hijos. Debemos tener presente que somos lo que comemos, y es de agradecer que las primeras marcas se preocupen y mejoren la calidad de sus productos.